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Arte transpersonal: La expresión del ser creativo

Iván Vilches | 23 de diciembre de 2009 | Artículos de Terapia Humanista RSS
Reflexion profunda sobre el arte en su estado mas puro: el arte transpersonal.

¿De dónde viene la inspiración? ¿De dónde nace una creación para materializarse en este plano físico? Cuando nos ponemos, por ejemplo, frente a un papel en blanco, se nos abre un mundo de infinitas posibilidades para ser expresadas. Pero, ¿de dónde emana?

Para entender esto primero debemos saber los sectores de los que se compone la mente: el consciente, el subconsciente, y el supraconsciente. El consciente representa una pequeñísima porción de la mente. Es nuestra noción de presencia, y es la mente por lo cual también podremos acceder a los otros dos sectores. El subconsciente representa ese gran mundo de imágenes, de ideas, de actitudes, de fuerzas que hay en mí procedentes del pasado. Es como nuestro disco duro en el que todo queda registrado. Y por último, el supraconsciente, que es aquel sector de la mente de donde proviene la intuición; es el sector que accede a la mente universal, a la fuente de todo. Por lo tanto, a través de nuestra mente consciente accederemos a información que proviene del subconsciente o del supraconsciente.

La creación del subconsciente siempre consiste en una combinación nueva de elementos viejos, para dar origen a algo que ya estaba implícito en los datos. El ejemplo típico de esto lo tenemos en los sueños. ¿Cómo se construye un sueño? Un sueño se construye siempre con material que ha entrado previamente por los sentidos; ahora bien, este material se combina de una manera diferente y entonces uno puede tener sueños fantásticos donde salen personajes extraordinarios. Pero si lo examinamos bien, veremos que todos los elementos que integran esta fantasía son elementos previamente conocidos, quizá remotamente, pero que ya estaban dentro. El arte es una creación, pero en muchas ocasiones no tiene un carácter de creación genuina, de creación superior. Esto lo podemos ver casi en la mayoría de las obras de arte que no son nada más que combinaciones de fuerzas del inconsciente, o una proyección de estas mismas fuerzas y de su juego interior, al cual de una manera u otra se intenta dar expresión.

En cambio, cuando la fuerza creadora procede del supraconsciente, cuando no es producto de este libre juego de la parte inferior, sino de la parte superior, entonces tenemos la auténtica inspiración. La auténtica inspiración representa siempre la aportación de algo realmente nuevo, no solamente en cuanto a lenguaje o en cuanto a forma, sino sobre todo en cuanto a contenido y significación. El modo de acceder al supraconsciente es a través del silencio y la meditación. La clave está en abandonarse a la energía que alimenta el nacimiento de todas las cosas. Esta energía no tiene forma ni estructura y aun así todas las formas y estructuras surgen de ella. Es como conectarse a internet, entramos en un mundo donde podemos acceder a información nunca antes ni siquiera imaginada. De la misma forma, podemos conectar nuestra mente individual con ese ciberespacio cuántico de infinitas posibilidades que bien pudiéramos llamar mente universal, para obtener una “información” la cual pudiéramos optar por materializar en el plano físico. A esta opción, en términos internautas, le llamamos “descargar”. Cuando accedemos a la mente universal, podemos “descargar” tal magnitud de ideas y formas, que no importa qué aspecto particular tome tu creatividad; puede consistir en pintar o cantar, en hacer un jardín o preparar una comida. El verdadero asunto consiste en estar abierto a lo que quiere ser expresado a través de ti.

Con esas llaves del reino interior abrimos las puertas de un arte que transciende la mente, el yo, la personalidad, en definitiva el ego, alcanzando posibilidades de percepción y concepción de orden universal. Desde ese campo de infinitas posibilidades, conectando con la mente universal a través de nuestra mente supraconsciente, podemos transmutar la energía de lo etéreo en formas materiales. Damos forma a lo no forma, de un modo impersonal. Por ello hemos de ser conscientes que no poseemos nuestras creaciones, no nos pertenecen. Porque no son personales, emanan de la sabiduría transpersonal, de la mente universal, de mi comunión espiritual más allá de la unidad del ego. Por eso, lo importante de cualquier obra de arte no es la obra de arte en sí, sino poder contemplar la belleza de esa obra que no es más que un reflejo de la belleza que nosotros somos. En el fondo, nos vivenciamos a través del arte.


La obra de Iván Vilches emana de un estado de silencio y meditación, donde entramos en contacto con nuestra esencia haciendo brotar la inspiración, esa fuerza que disuelve el espejismo en el campo de la materia.

Si deseas contactar con Iván o adquirir algunas de sus creaciones a través del arte de la escultura, visita sus webs personales:

www.artetranspersonal.es
www.ivanvilches.com

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