Conectando con las propias necesidades (parte II)

Toda frustración provocada por la no satisfacción de una necesidad tiene el peligro de transformarse en una conducta agresiva. Esto es algo que puede ocurrir de dos maneras: manifestando la agresividad hacia fuera o hacia dentro.

Por agresividad me refiero a una conducta, actitud o pensamiento con un cierto grado o poder de destrucción. En realidad, es la consecuencia que deriva de la rabia, de la frustración, cuando no encontramos otra forma de manejar dichos sentimientos.

Conectando con las propias necesidades (parte II)En el caso de manifestar dicha agresividad hacia fuera, hacia el exterior, las conductas o actitudes que encontramos van desde una simple discusión hasta el grado más alto a donde una conducta agresiva pude conducir: el asesinato. Lógicamente, la intensidad de la agresión irá relacionada con el grado de frustración vivido.

Por otra parte, una conducta o actitud agresiva hacia dentro conlleva un autocastigo en forma de pensamientos (“soy un inútil”, “esto me pasa por ser tonto”, “no valgo nada”…), sentimientos (autoestima baja, tristeza y estado de ánimo depresivo, desesperanza…) o acciones autolesivas.

Por ejemplo: llegan las vacaciones y proponemos a un par de amigos viajar hacia Roma. La idea entusiasma y concretáis fechas. Todo parece ir bien, hasta que, pasados un par de días, te enteras de que esos amigos han hecho planes alternativos y se cae la propuesta de viajar los tres.

Si tendemos a manifestar nuestra frustración hacia fuera, posiblemente discutamos con las otras dos personas. Podremos perdernos en argumentos acerca de que se ha formalizado un plan que luego no se ha cumplido, o sobre lo que es y lo que no es la amistad. Podremos seguir justificando nuestra rabia y, posiblemente, vaya en aumento.

Sin embargo, una tendencia a “tragarnos” la rabia implicaría recurrir a pensamientos sobre lo poco que me tienen en cuenta los demás, sobre lo poco importantes que somos en este mundo o bien sobre la desdicha de no tener “buenos” amigos, acompañando estas ideas con sensaciones de profunda tristeza y victimización.

Todos nos hemos visto inmersos en estos procesos, pagando nuestra rabia con quien posiblemente no debíamos, por no haber sabido manejar la frustración en el momento en que ésta se genera. O bien creyéndonos la peor y más desmerecida persona en el mundo.

Ante este panorama cabe señalar que hay posibles soluciones alternativas a dicha agresividad. En primer lugar y como paso previo, la clave consiste en parar a observarse y romper con las dinámicas en las que nos vemos envueltos desde que notamos la frustración.

Quizás podamos conseguir una mejora de nuestro estado interno simplemente sentándonos dos minutos, con los ojos cerrados, alargando conscientemente el proceso de respiración. Una vez nos encontremos algo más centrados, es el momento de recordar cuál es aquella necesidad que no ha sido realmente satisfecha.

Gracias a esta idea, volveremos a contemplar el origen de nuestra frustración y entonces estaremos preparados para poner en práctica alguna de los siguientes métodos eficaces ante la frustración:

a) Aplazamiento: este método se aplica cuando somos conscientes de que necesitamos algo en concreto, pero no lo podemos tener YA. Siguiendo con el ejemplo de antes, cuando somos conscientes de que nos sentimos mal debido a que esos dos amigos han dicho que no se van a ir de vacaciones a Roma, tenemos la opción de buscar otras fechas para ir, otro momento.

Se trata, por lo tanto, de posponer, comprendiendo que nos estamos ocupando de nuestra necesidad en lugar de pasar a la agresión automática.

b) Sustitución: si no vemos la opción de satisfacer nuestra necesidad a través de un medio determinado, buscamos vías alternativas para no quedarnos completamente insatisfechos. En el caso propuesto, la sustitución se daría si contemplamos no perder el viaje y buscar a otros compañeros, o bien hacerlo solo.

En cualquier caso, la estrategia consiste en dirigir nuestra atención hacia la necesidad frustrada (para poder repararla) y no en desahogar la rabia con nosotros mismos o con los demás, pues eso no hará que aquella necesidad primera quede satisfecha y seguiremos con el problema a cuestas.

Acabaré citando a Miguel de Cervantes a través de una frase relacionada con esta reflexión: “La necesidad, según se dice, es maestra en utilizar el ingenio”.

Te animo a llevar a tu vida estos recursos de aplazamiento o sustitución de forma consciente, frente al impulso agresivo al que solemos estar acostumbrados. Tan sólo necesitamos usar la mente a nuestro favor para satisfacer las necesidades propias.


"CONECTANDO CON LAS PROPIAS NECESIDADES (PARTE II)"

AUTOR: Antonio de la Torre, psicólogo responsable y fundador de Terapia Humanista.

Pasa consulta en el centro desde sus inicios. Participa de forma activa en la expansión de conciencia a través de su labor como psicoterapeuta gestalt y transpersonal, sirviéndose de grandes herramientas terapéuticas como el eneagrama, ICV, SHEC o EFT.