Terapia infanto-juvenil

Los problemas emocionales o de conducta en la terapia con niños requieren un enfoque diferente al empleado con los adultos.
Precisamente porque tienen menos recursos personales para afrontar las dificultades de la vida, vemos imprescindible entrar en su mundo interior con mucho tacto y cariño, a veces a través del juego y en otras ocasiones mediante ejercicios y una comunicación adaptada a su nivel de realidad.
Entendemos la infancia como una época sagrada donde se fragua el carácter, el cual definirá la forma de ir por el mundo de mayores. Por otro lado, la adolescencia supone la transición entre esos dos mundos, donde surgen muchos miedos asociados a la identidad propia y a la manera de sostenerse por uno mismo en la vida.
Todos fuimos niños y adolescentes. Todos tenemos recuerdos, en mayor o menor grado de nuestra enorme vulnerabilidad, atribuida en gran medida a la falta de recursos personales por aquella época. La terapia infanto-juvenil ayuda a adquirir esas herramientas para facilitar el tránsito.

Cuando observemos algún cambio significativo en nuestros hijos que altere su bienestar. En esos momentos es importante contar con el apoyo profesional de un psicólogo infantil para iniciar una terapia que ayude a reconducir aquellas situaciones que propician su malestar.
Entre los principales motivos de consulta en los más jóvenes encontramos: desbordamiento emocional (llanto, enfado, miedo…), problemas de conducta, celos, dificultad para relacionarse, bullying o acoso escolar, somatizaciones, separación de los padres o duelos.
Además de todo esto, la terapia propicia un lugar enriquecedor para que los niños aprendan inteligencia emocional, así como a relacionarse con otros de una manera saludable para que en un futuro sepan crear vínculos fuertes y positivos con los demás.

Psicólogo infantil en Málaga

Los más jóvenes reflejan gran parte de las carencias y limitaciones que coexisten en cualquier familia. A pesar de que muchas veces son quienes presentan síntomas claros de sufrimiento o rebeldía, el abordaje junto a padres o educadores se hace en ocasiones necesario.
Cuando los psicólogos intervenimos en la salud familiar, aunque el punto de partida sea los niños o adolescentes, el trabajo sigue siendo en equipo, con el objetivo de restaurar la armonía y el buen entendimiento entre las diferentes partes.
De la misma manera, creemos firmemente en la comunicación y en el acompañamiento amoroso como bases para la mejoría de aquellos niños y adolescentes que se encuentran perdidos o desconectados de sí mismos o de su entorno.

Psicología infanto-juvenil

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